Ni la palabra " conciencia" ni la palabra "conducta moral" son términos de origen psicológico. Provienen históricamente del campo de la ética y de algunos aspectos de la teología. De hecho existe la Axiología como ciencia que estudia los valores superiores y la relación la con la conciencia del niño.
En términos generales "conducta moral" ha sido aplicado a la conducta con la cual puede plantearse la pregunta del "bien o "mal" y el término de " conciencia" se utiliza para referirse al sistema internalizado de valores de la persona, relativos a conductas consideradas por ella misma o por otras como "buena" o " mala", como "deseable" o "indeseable". la conciencia se refiere a las normas morales evaluadoras del individuo incluidos los conocimientos y las respuestas afectivas acerca de sus actos en el área de la conducta moral.
El desarrollo moral inadecuado de los niños -podríamos decir la falta de una conciencia plenamente desarrollada- afecta cada aspecto de nuestra sociedad:
- la armonía de nuestros hogares
- la capacidad de enseñanza de nuestras escuelas
- la seguridad de nuestras calles
- la integridad de nuestros valores sociales
Un desarrollo moral satisfactorio significa tener emociones y conductas que reflejan preocupación por los demás: compartir, ayudar, estimular, mostrar una conducta altruista, tolerancia hacia los demás y voluntad de respetar las normas sociales.
Como sugerencia para que los niños se conviertan en personas morales es importante que adquieran las siguientes capacidades emocionales y sociales:
* Que adopten y comprendan lo que distingue una conducta "buena" de una "mala" y desarrollar los hábitos de conducta compatibles con lo que perciben como " bueno"
* Que desarrollen interés, consideración y un sentido de responsabilidad por el bienestar y los derechos de los demás y que expresen este interés a través de actos de atención, benevolencia, amabilidad y caridad
* Que experimenten una reacción emocional negativa, incluyendo vergüenza, culpa, indignación, temor y desprecio ante la violación de las normas sociales.
Una variedad de emociones negativas motivan a los niños a aprender y practicar conductas prosociales, incluyendo:
* El miedo al castigo
* La angustia respecto a la desaprobación social
* La vergüenza y turbación al ser descubiertos mientras hacen algo que resulta inaceptable para los demás
Las dos emociones principales que modelan el desarrollo moral de un niño son la empatía y lo que podríamos llamar instinto de atención, que incluye nuestra capacidad de amar. Tomaremos en consideración en primer lugar las fuerzas positivas que dan forma a la conciencia de nuestro hijo porque el hecho de ser padres positivos es más compatible con nuestra cultura occidental centrada en el niño. Sin embargo, sería un error que los padres ignoren el hecho de que las emociones negativas, particularmente la vergüenza y la culpa, constituyen también aspectos importantes en la edificación del carácter de su hijo.
Nuestra cultura ha ido demasiado lejos en tratar de proteger a los niños de cosas de las que no necesitan ser protegidos; mostrar demasiada comprensión y simpatía hacia algunos niños puede ser tan perjudicial como mostrar lo contrario
Durante los años sesenta y setenta se fomentó la posibilidad de que los niños se convirtieran en adultos jóvenes y rebeldes hacia un estilo de vida mas permisivo que sirvió para reforzar los beneficios de ser padres permisivos. Este movimiento de potencial humano, liderado por Carl Rogers y Virginia Axline, sostenía que cada individuo tenía el derecho y el poder de realizarse a sí mismo a su manera. Sobre la base del respeto y la fe en la capacidad del individuo, se creía que la bondad inherente en los niños se revelaría de manera invariable una vez eliminados los obstáculos y las expectativas restringidas para que los niños pudieran expresar sus sentimientos y necesidades.
En retrospectiva, esta creencia en la bondad inherente del individuo parece ingenua y, sin embargo, se sigue criando a los niños de hoy en base a lo que sabemos son principios erróneos, tal como lo ejemplifican muchos defensores del movimiento de la autoestima.
En base a lo que sabemos ahora acerca de la Inteligencia emocional, el error más significativo cometido por los defensores de la educación permisiva ha sido el hecho de haber convertido en forma inadvertida a las "buenas emociones" en los héroes de nuestra psiquis y las "malas emociones" en los villanos. Desde una perspectiva evolutiva, cada emoción humana se ha desarrollado para un propósito y eliminar las emociones negativas de nuestra comprensión del desarrollo del niño equivale a eliminar uno de los colores primarios de la paleta del pintor; no solo se ha perdido el color individual, sino también millones de matices de colores complementarios. Además, las emociones como la vergüenza y la culpa son indudablemente más poderosas que las positivas en términos de aprendizaje emocional y cambio de conducta.
EL VALOR DE LA VERGUENZA
Muchos padres y profesionales de la salud no se sienten cómodos con las emociones de vergüenza y culpa y las han considerado como impedimentos para la salud mental, no podemos negar su efectividad para guiar a los niños hacia conductas prosociales. Se define vergüenza como una forma de incomodidad extrema que surge cuando los niños sienten que no han actuado de acuerdo con las expectativas de otras personas. La culpa aparece cuando los niños no logran cumplir con sus pautas internalizadas de comportamiento.
La vergüenza produce una impresión imborrable en los niños, mucho más pronunciada que los incidentes que se relacionan con sentimientos positivos. Según las teorías de neuroanatomía, las emociones extremas causadas por la vergüenza ponen trabas a las formas normales en que el cerebro registra la información y almacena los recuerdos. las emociones extremas parecen evitar la porción pensante del cerebro, la corteza y electrificar el centro del control emocional del cerebro, la amígdala(archivo emocional en forma de almendra que se encuentra en el hipotálamo)cede del aprendizaje y la memoria emocional. Así, cualquier experiencia en la que interviene la emoción extrema produce un efecto inmediato más significativo sobre la conducta de sus hijos y un efecto a más largo plazo en el desarrollo de su personalidad.
Si usted no está convencido del poder de las emociones negativas como la vergüenza y la culpa, pruebe el simple experimento siguiente. Tome su reloj y fíjese en cuanto tiempo recuerda tres incidentes de su niñez en los que se sintió incómodo hasta el punto de sentir vergüenza y clasifique cada incidente en una escala del uno al diez, por ejemplo si sus compañeros se burlaron de su apariencia o sus padres dijeron o hicieron algo para avergonzarlo. Ahora recuerde tres incidentes positivos en los que se haya sentido orgulloso de algo que hizo para ayudar a alguien. Una vez mas clasifique cada uno en una escala de uno al diez. Si usted es como la mayoría de la gente, le llevó entre tres y cinco veces más tiempo recordar experiencias emocionales positivas y calificó en menos de un tercio de la emoción negativa.
Sin duda parte de nuestra sensación de incomodidad para usar las técnicas de educación de nuestros hijos es nuestra escasa familiaridad con ella. En países como Japón la vergüenza y el deshonor están integrados en la moralidad y los valores tradicionales del país. Las confesiones, incluso las que son humillantes, son consideradas como el camino más directo al arrepentimiento.
LA UTILIZACION DE LA VERGUENZA
* ¿Debería el hecho de avergonzar a nuestro hijo formar parte de nuestras prácticas normales de educación? ¿Pueden las emociones morales negativas ser reintroducidas en nuestra cultura para enfrentar nuestra crisis moral? La respuesta a estas dos preguntas sería "sí" en dos casos:
1. La vergüenza debería ser invocada cuando un niño no ha mostrado reacción emocional alguna después de haber hecho algo de lo que debería avergonzarse
2. Debería considerarse la vergüenza como una estrategia legítima para el cambio de conducta cuando formas menos drásticas de disciplina han fracasado
LA UTILIZACION DE LA CULPA
* La culpa constituye realmente un motivador más poderoso y duradero que la vergüenza. Donhald Miller y Guy Swanson, en sus estudios sobre las respuestas de los niños a las imágenes ilustradas, distinguen entre la culpa neurótica donde no se castiga a sí mismo por razones injustificadas e irracionales y la culpa interpersonal, que surge del interés por la opinión del otro y sirve para reducir la autocrítica y mejorar las relaciones personales de un niño.
Muchos estudios sugieren que la culpa interpersonal, lo que realmente podríamos denominar la "conciencia", es más efectiva para controlar las conductas de los niños que cualquier amenaza o temor externos. En realidad, cuando podemos estimular la culpa de nuestros hijos estos pueden tener una interpretación aun más directa de las normas y las consecuencias de violarlas nosotros.
COMO Y CUANDO UTILIZAR LAS EMOCIONERS MORALES "NEGATIVAS" EN FORMA APROPIADA
* Si aceptamos el hecho de que la vergüenza y la culpa son aspectos normales y poderosos de las vidas emocionales de nuestros hijos, la pregunta que se plantea entonces es como usarlas en fomentar el desarrollo moral de nuestros jóvenes sin causar un daño indebido.
RECOMENDACIONES GENERALES
* Establezca normas coherentes y castigos compatibles cuando se violan las normas. Asegúrese de que sus castigos sean justos, inmediatos y efectivos
* Cuando los niños de mas de diez años violan normas importantes y no parecen quedar disuadidos por sus castigos, solicite que haga una lista con su propio castigo para cada norma. Luego pónganse de acuerdo sobre la intervención de un mediador neutro(como un familiar, amigo etc.)para determinar qué castigos funcionarán mejor. Si él o ella están de acuerdo, usted podrá incluso solicitarle al mediador que controle el castigo. En la mayoría de los casos, esto estimulará a sus hijos a albergar mayores expectativas para si mismos y posiblemente puedan cumplirlas
* Reaccione más duramente cuando su hijo hace algo que perjudica a otro. Por ejemplo, si su hijo no entrega el informe a tiempo perjudica la oportunidad de obtener una buena calificación, pero el es el único que sufre las consecuencias. Por otra parte, si llega dos horas más tarde de la hora establecida para regresar a casa esto le provoca a usted una aflicción extrema y exige que se tomen medidas extremas. Si las acciones irresponsables de sus hijo perjudican a otra persona, no tema expresar sus propios sentimientos junto con la aplicación de un castigo apropiado. Si esto perturba a su hijo no se apresure en consolarlo. Sentirse culpable le impedirá ser desconsiderado la próxima vez
* Subraye la importancia de las disculpas. Las disculpas por escrito deberían combinarse con otras orales. Si la disculpa de su hijo no es sincera no renuncie con facilidad sino que siga incrementando los requisitos de una disculpa hasta que el niño responda emocionalmente.
Durante los últimos treinta años, en su mayoría, los profesionales de la salud mental y los educadores se han mostrado reticentes en recomendar las emociones negativas -la vergüenza y la culpa- como una forma de criar niños saludables. Vieron demasiados casos de abuso emocional, con resultados aun peores que el abuso físico, como para sentirse cómodos con la idea de siquiera sugerirles a los padres que tomen en consideración dichas estrategias. Pero desde el punto de vista de la Inteligencia emocional cualquier exceso puede perjudicar a un niño. Los niños tienen diferentes fuerzas y debilidades emocionales, así como tienen diferentes fuerzas y debilidades cognoscitivas o académicas. La regla empírica para educar a sus hijos debería medir siempre lo que redunda en el mejor interés de los niños y qué puede hacerse para asegurar el desarrollo que los convierta en adultos felices, exitosos y responsables
PARA REFELXIONAR
* La vergüenza y la culpa no son villanos emocionales. Cuando se les utiliza en forma adecuada se convierten en instrumentos importantes para que los padres les enseñen a sus hijos valores morales
* El empleo apropiado de la vergüenza y la culpa dependerá del temperamento de su hijo, pero su uso puede reintegrar a su hijo en el apoyo de la familia
Dra. Victoria Lucía Atristizábal
Sra. Silvita Blanco