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Terra
La Coctelera

Categoría: Magia Sexual

Rincones Mágicos para la Magia Sexual


Otras posiciones.

El erotismo es un componente de las relaciones que tiende a desvanecerse con el paso del tiempo y, dado que nuestra sexualidad es un pilar básico de nuestras vidas, una necesidad fisiológica, merece la pena crear en nuestro hogar “rincones mágicos” con decoración inspiradora y sensual.

Sillón Curve: Elegancia, comodidad y erotismo.

El Sillón CURVE es una elegante pieza decorativa diseñada especialmente para la relación sexual y el relax.
Su forma anatómica está cuidadosamente estudiada para ofrecer a la pareja un intenso placer y favorecer la penetración en las distintas posiciones.

¿ QUE ES HACER EL AMOR ?

Hablarse sin decir nada,
Que el animal propio busque y encuentre
al animal en el otro,
Juntarse sin tener miedo,
Meterse en la vida del otro,
Aceptar la sencillez de las cosas,
Aceptar la complejidad de las cosas,
Escribir en la piel un sentido sin palabras,
Dar vuelta dos vidas juntas,
Dejar que el tiempo se disuelva,
Instalarse en la eternidad acompañado, por un rato.
Transfigurarse,
Metamorfosearse,
Acercarse al precámbrico,
Ser un uvasal,
Entender todo,
Potenciarse,
Alejarse de sí mismo para encontrarse con alguien que tampoco está muy localizable,
Perder las referencias de siempre y encontrar otras más claras y sencillas que al rato a su vez se pierden y nos dejan en una orilla tirados, felices, dormidos o con ganas del mundo,
Preguntarse cómo es que semejante cataclismo cabe en una parejaconsolidada, cuando se suponía que la ley mata a la vitalidad de la pareja,
Entender que la vitalidad no es tan fácil de matar, si uno está bien parado en ella.


De la web.

MI LUNA

ESTA ES MI LUNA... TODA MÍA...
EN SU CUARTO CRECIENTE... COMO LO ESTOY YO... CRECIENDO DÍA A DÍA...
GRACIAS A QUIEN CONGELÓ ESTE INSTANTE
CRIS.

luna

Lo que le gusta a él y lo que le gusta a ella

El arte de seducir
Por Liliana Munguía, AOL Latino - Tu Vida,
Lo que le gusta a él y lo que le gusta a ella

PISTA 1

A él: El erotismo masculino es más visual más genital, por eso los hombres voltean instintivamente al ver a una mujer.
A ella: El erotismo femenino es mas táctil y auditivo, por eso puedes conquistar a una mujer con caricias y palabras bonitas

PISTA 2

A él: Para la mayoría 'hacer el amor' significa ir a la cama juntos, eso explica por qué ellos se excitan con facilidad.
A ella: 'Hacer el amor' implica sensualidad que está muy ligada al contacto, los olores y la piel, por eso necesitan más preámbulo.

PISTA 3

A él: Aun con lo anterior, el galanteo es un condimento indispensable para ellos; los hace sentir bien seducir y ver a su pareja satisfecha.
A ella: No te detengas en tus galanteos, a ellas les gustan las cosas nuevas y agradables, que las hagan sentir bien y queridas.

PISTA 4

A él: Su capacidad de excitación crece si su pareja muestra placer, así que pídele que haga lo que a ti te gusta para que sea verdadero.
A ella: Su excitación se genera mucho por lo emocional, así que mímala y recreará el deseo en el hombre con el que está.

PISTA 5

A él: El punto de llegada es la consumación, hacer el amor, la conclusión; algunos después de ésto se tornan algo fríos.
A ella: La mujer cuida del amor tratando de mantenerlo vivo en la pareja y después de 'hacer el amor' pide más amor.

PISTA 6

A él: En lo más profundo de su espíritu, saben -dicen los expertos- que cuando una mujer les concede su sexualidad, les concede todo su ser.
A ella: Tacto y olor significan cercanía. Las mujeres quieren sentir la presencia física de su compañero, sentir sus manos, su fuerza en un abrazo y la mezcla de sus olores.

La importancia del falo como símbolo masculino

La importancia del falo como símbolo masculino

En el servicio fúnebre de la Iglesia de Inglaterra, el ministro dice: «El hombre que nace de una mujer tiene un corto tiempo de vida... Crece y es cortado como una flor». Esto describe exactamente el poder cíclico de un hombre. La fuerza de un hombre está en su falo, al igual que la de una mujer está en su vulva (en el sentido en que es el asiento de la fuerza creativa). La erección del hombre tiene una vida breve y luego «se corta como una flor»; sin embargo, crece de nuevo. El orgu­llo del varón se ha asociado al símbolo del pene, y los hombres son ca­paces de hacer muchas cosas para protegerlo y para proteger aquello que (erróneamente) creen que les pertenece, de ahí la invención del cinturón de castidad. Pregunten a cualquier hombre qué parte de su anatomía le gustaría menos perder y diez contra uno responderán que el pene. Los «protectores» del cricket, los suspensorios de los jockeys y de los boxeadores, etc., forman parte del vestuario del hombre deportista tanto como sus camisetas o sus zapatillas. Observe a los jugado­res alineados delante de la portería en espera de que se lance una falta de tiro libre. Podrían sufrir daños en los ojos, les podrían romper los dientes o la nariz, pero ¿qué es lo que protegen con tanto esmero? Exac­tamente eso.

El pene erecto constituye un antiguo símbolo de virilidad y poder, y ése es el motivo por el cual, en las batallas de antaño, los reyes y con­quistadores castraban a los cautivos masculinos. Era un medio cruel pero eficaz de asegurarse de que, por lo menos unos cuantos, no les molestarían en el futuro. Un rey destronado, tal como Osiris, y todos los hijos que pudiera tener, eran también castrados para asegurar que nadie reclamaría el trono. Éste fue el motivo de que Isis y Anubis escaparan de la venganza de Set. Anubis, como hijo de su padre, tenía que librarse del mismo destino. En el mundo conocido era costumbre en esa época que el rey estuviera entero y fuese viril. Si le faltaba algo, la tierra y la gente estaban condenadas a sufrir. Esto, si lo recuerdan, retrocediendo en el tiempo, coincide con la vinculación de la fertilidad de la tierra con la del rey.

No importa cómo se enfoque esta cuestión en el mundo actual, el símbolo de poder y fuerza fálicos permanece profundamente arraiga­do en el subconsciente. Puesto que se necesitaba una mujer, una reina o una sacerdotisa para probar esa virilidad, se intentaba todo lo que pudiera atraer la atención hacia la misma. El corto jubón medieval que terminaba justo por debajo del ombligo y que se llevaba junto con unas calzas largas y unos calzones enjoyados y probablemente acol­chados constituye un buen ejemplo. Los pantalones vaqueros, apreta­dos, gastados y ceñidos al cuerpo, con la cremallera justo lo suficiente­mente abierta como para que resulte sugestiva, son el equivalente mo­derno, tal como comprobó en su propia persona el presentador de una serie histórica británica. La serie fue una de las más populares de ese año, y las mujeres la veían a millares, no para ver los fenomenales pai­sajes o escuchar los excelentes guiones, sino para contemplar al (reco­nocido públicamente como guapo) presentador con sus vaqueros gas­tados trepando por las montañas griegas..., aunque para ser honestos hay que reconocer que el pobre hombre estaba totalmente absorto en su trabajo y no tenía ni la más remota idea del efecto que producía so­bre la población femenina de Gran Bretaña...

Los coches con un capó alargado, ostentando preferiblemente una mascota inusual, una lancha motora potente, una moto Kawasaki re­cubierta de «accesorios» o el tradicional semental encabritado son los eufemismos sexuales para el falo erecto del conductor/jinete. Todos forman parte de la exhibición sexual que cada animal macho ofrece para encontrar una compañera. El problema es que es más que proba­ble que una mujer moderna se excite más por la mente de un hombre que por su cuerpo.

Mary Whitehouse

Diosas del amor y dioses fálicos -Magia Sexual de Mary Whitehouse-

Diosas del amor y dioses fálicos

Toda la magia sexual se ejerce bajo el dominio de Afrodita, la Diosa del amor -bajo uno u otro de sus numerosos nombres-, y el de su con­sorte, que es hijo y amante al mismo tiempo. Una versión de la leyenda cuenta que había surgido de la espuma ensangrentada del mar des­pués de que Cronos, el Dios del tiempo y del espacio, hubiese castrado a su propio padre Urano y hubiera lanzado sus genitales ensangrenta­dos al mar.

Posteriormente, volvemos a encontrar el mismo tema en la historia de una princesa tártara llamada Tamara, quien, no deseando conver­tirse en propiedad de un esposo, tomaba a un nuevo amante la víspera de cada luna nueva, castrándolo a la mañana siguiente y dejándolo que «regara la tierra con su sangre». La leyenda continúa diciendo que en los jardines de su palacio, amurallados para protegerse del constan­te viento de las estepas, cultivaba las frutas más sabrosas y deliciosas. ¡No es de extrañar, teniendo en cuenta cómo regaba su jardín!

Pero no todos los ritos sexuales eran sanguinarios y terroríficos; los rituales de Príapo, por ejemplo, eran desenfrenada y descaradamente eróticos. Se desfilaba en procesión llevando falos de madera de diver­sos tamaños y se lanzaban higos (símbolo de la vulva femenina) a la multitud. El falo más grande se transportaba en un carro tirado por un grupo de hombres jóvenes, los falóforos, que iban cantando la versión griega antigua de los cánticos con que hoy se anima en los partidos de fútbol mientras paseaban su ídolo por la ciudad. En esa corta época del año todo el mundo dejaba de lado la prudencia, se dirigía a la ciu­dad y lo único horrible que había en todo ello era la resaca de después.

No queda mucho del contenido de los ritos de Pan, uno de los dio­ses griegos más antiguos y que a menudo se confunde con Príapo, ex­cepto el hecho de que muchos de ellos eran de naturaleza sexual. Es muy probable que se equipararan con los ritos del templo de Mendes en el delta egipcio. Fue aquí donde se idolatraba al Dios con cabeza de cabra (si recuerdan a Pan, sólo tiene pies de cabra) para que bendijera la fertilidad de las mujeres, campos y animales. Me he extendido sobre este tema en el primer ritual de la tercera parte, y les quiero advertir que el Dios con cabeza de cabra de Mendes ya no puede utilizarse con tranquilidad, pues su imagen ha sido demasiado corrompida como para poderla usar en el ritual.

En contraste, encontramos los Misterios de Eleusis, que aunque hacían alusiones muy sexuales, eran un poco más comedidos. Su apo­geo terminó alrededor del año 1400 a. de C., pero sobrevivieron duran­te la primera era cristiana a pesar de estar completamente condenados por los primeros Padres de la Iglesia, para quienes cualquier forma de sexualidad era obscena. Sin embargo, los rituales más íntimos ofreci­dos a quienes eran admitidos, representaban los primeros principios de la naturaleza, el conocimiento de la creación, de hecho el mismo conocimiento que se les negó a Adán y a Eva hasta que dieron el pri­mer mordisco a la fatídica manzana.

Mary Whitehouse»