Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Sin edad para Amar

Qué Fuerza...

Qué Fuerza tienen las Palabras.... que lograron desvastar mi Alma

Qué Fuerza tienen los Silencios... que lograron asesinar mis Sueños

Qué Fuerza tienen las Ausencias...que te busco... y ya No Estás...

Mil tonterías por amor

Comerme la sopa de letras con el diccionario en la mano, para no cometer ninguna errata, mientras busco tu nombre en el plato.
Buscar en tu espalda la fecha de caducidad escrita en el dorso, saboreando todos los gustos posibles mientras la beso.
Sazonar todas nuestras comidas con la sal de mis lágrimas, esas de felicidad que ruedan por mi cara con solo pensarte.
Abrazarme fuertemente a ti, por temor a dar un paso y caerme por el borde de este Planeta de Ilusión.
Estarme horas y horas mirándome en el espejo del mar, tratando de verte reflejado en las niñas de mis ojos.
Caminar por las calles hacia atrás, para intentar regresar siempre al mismo lugar, donde te vi la primera vez y volver a conocerte mil veces.
Hacerme pequeña, muy pequeña, para poder esconderme en el bolsillo de tu camisa y sentir tu corazón.
Meter a la noche en la lavadora y lavarla con agua muy caliente, hasta que encogiera al tamaño de tu cama.
Planchar tu ropa dibujando corazones, para llenarla de tanto amor, que te sirva de escudo ante cualquier pena.
Perfumar al viento con tu olor, para que me envuelva tu presencia siempre y en cualquier lugar.
Escribir en las nubes de tu cielo mi nombre, para que cuando mires hacia arriba me pienses.
Buscar ese trébol de cuatro hojas que esconden los duendes de mi bosque, para tu suerte y la mía.
Aprender todos los idiomas del mundo, para decirte, como el eco de las cimas, te quiero, Te Quiero...
Todo esto y mil tonterías mas, porque esta enfermedad del Amor, tiene unos síntomas incurables, sin mas antídoto conocido que inyecciones de Pasión y Ternura que hacen mas llevadera la convalecencia.
Ana Sansaloni
(España )

Hacer el Amor

Ella y yo hacíamos el amor diariamente.
En otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles hacíamos el amor invariablemente...
Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente...
Por último los domingos hacíamos el amor religiosamente...
Hacíamos el amor compulsivamente.
Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente.
Hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso.
Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis: y a eso le llamábamos hacer el amor científicamente.
Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí, es decir, recíprocamente.
Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo.
Decíamos entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien a Estefanía le daba por recordar las ardillas que el tío Esteban le trajo de Wisconsin que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos con sus sillas vienesas y sus macetas de rosas esperando la eclosión de las cuatro de la tarde...
así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura.
O de noche con la luz encendida, o de día con los ojos cerrados.
O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.
O viceversa.
Contentos, felices, dolientes, amargados.
Con remordimiento y sin sentido.
Con sueño y con frío.
Y cuando estábamos concientes de lo absurdo de la vida y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.
Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente,
Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras hacíamos el amor sintomáticamente
Hacíamos el amor físicamente, de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando.
Y sobre todo, y por la simple razón de que yo lo quería así y ella también hacíamos el amor voluntariamente...

Mujeres que corren con Lobos

Mujeres que corren con Lobos

Nos cuenta que la historia de los lobos, son como las historias de las mujeres, tanto en lo concerniente a su coraje como a sus fatigas. Que los lobos sanos y las mujeres sanas compartimos ciertas características psíquicas; una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres somos sociables e inquisitivas por naturaleza y estamos dotadas de una gran fuerza y resistencia. Somos extremadamente intuitivas y nos preocupamos con fervor de nuestros vástagos, nuestras parejas, y la manada .

Somos expertas en el arte de adaptarnos a las circunstancias siempre cambiantes y somos fieramente leales y valientes.

Sin embargo, ambas hemos sido perseguidas, hostigadas y falsamente acusadas de ser voraces, taimadas y demasiado agresivas. Hemos sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él.

Cuando las mujeres escuchamos estas palabra, (mujer salvaje) despierta y renace en nosotros, un recuerdo antiquísimo. Es el recuerdo de nuestro absoluto, innegable e irrevocable parentesco con lo femenino salvaje.

La existencia de la Mujer Salvaje también lo percibimos a través de la visión; a través de la contemplación de la sublime belleza. La podemos percibir contemplando una puesta de sol en medio de los bosques, la podemos sentir en nuestro interior viendo venir a los pescadores del lago, en el crepúsculo con el fuego encendido o contemplando los dedos de los pies de nuestros hijos recién nacidos. La podemos ver donde la vemos, o sea en todas partes.

Esta mujer Salvaje que todas llevamos dentro, viene a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona nuestro corazón; viene a través del tambor, del silbido, de la llamada y del grito, viene a través de la palabra escrita y hablada que nos induce a recordar, por lo menos durante un instante, de qué materia estamos hechas realmente y dónde está nuestro verdadero hogar.

Si las mujeres la hemos perdido, cuando la volvamos a encontrar, pugnaremos por conservarla siempre. Una vez que la hayamos recuperado, lucharemos con todas las fuerzas para conservarla, pues con ella florece nuestra vida creativa; nuestras relaciones adquieren significado, profundidad y salud; nuestros ciclos sexuales, creativos, laborales y lúdicos se restablecen; ya no serían el blanco de las depredaciones de los demás.

La Mujer Salvaje es fuerza que se oculta detrás de ella, se puede llamar la naturaleza autóctona o intrínseca de la mujer. Se le puede llamar los siete océanos del universo, o los bosques lejanos, el Yo, la naturaleza medial. Se la llama naturaleza sabia o inteligente. A veces se la llama la mujer que vive al final del tiempo o la que vive en el borde del mundo, esta criatura es siempre una hechicera-creadora o una diosa de la muerte o una doncella que desciende. Es al mismo tiempo amiga y madre de todas las que se han extraviado, de todas las que necesitan aprender, de todas las que tienen un enigma que resolver, de todas las que andan vagando y buscando en el bosque y en el desierto.

Conocerla a esta mujer Salvaje es un trabajo continuo, que dura toda la vida. Para encontrarla, las mujeres debemos regresar a nuestras vidas instintivas, a nuestros más profundos conocimientos. Volvamos a recordar nuestra alma salvaje, dejemos que su carne vuelva a cantar en nuestros huesos. Despojémonos de todos los falsos mantos que nos han dado. Cubrámonos con el verdadero manto del poderoso instinto y la sabiduría. Penetremos en los territorios psíquicos que antaño nos pertenecieron. Desarrollemos las vendas, preparemos la medicina. Regresemos ahora mismo como mujeres salvajes que aullamos, nos reímos y cantemos alabanzas de Aquella que tanto nos ama. Sin nosotras la Mujer Salvaje se extingue, se muere. Sin la Mujer Salvaje, nos morimos nosotras, para la vida, para la verdadera vida.

AMBAS TENEMOS QUE VIVIR JUNTAS.

Hacer el Amor..

Él y yo hacíamos el amor diariamente.
En otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles hacíamos el amor invariablemente...
Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente...
Por último los domingos hacíamos el amor religiosamente...
Hacíamos el amor compulsivamente...
Lo hacíamos deliberadamente...
Lo hacíamos espontáneamente...
Hacíamos el amor por compatibilidad de caractéres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso.
Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis: y a eso le llamábamos "hacer el amor" científicamente.
Pero también hicimos el amor yo aél yél a mí, es decir, recíprocamente.
Y cuandoél se quedaba a la mitad de un orgasmo y con el miembro convertido en un músculo fláccido, hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en queél imaginaba que no iba a poder y no podía, yyo pensaba que no iba a sentir y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo.
Decíamos entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien aPablo le daba por recordar las ardillas que el tío Esteban le trajo de Wisconsin que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos con sus sillas vienesas y sus macetas de rosas esperando la eclosión de las cuatro de la tarde...
así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura.
O de noche con la luz encendida, o de día con los ojos cerrados.
O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia.
O viceversa.
Contentos, felices, dolientes, amargados.
Con remordimiento y sin sentido.
Con sueño y con frío.
Y cuando estábamos concientes de lo absurdo de la vida y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente.
Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente,
Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras hacíamos el amor sintomáticamente
Hacíamos el amor físicamente, de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando.
Y sobre todo, y por la simple razón de que yo lo quería así yél también hacíamos el amor Voluntariamente...
??