Tantra Sexual: "Deseo y Felicidad"
DESEO Y FELICIDAD Deseo, frustración y autocontrol V
Nuestros deseos no se limitan a lo que podemos ver, oír, oler, gustar o tocar. Nuestra mente corre tras las ideas tan ávidamente como nuestra lengua anhela los gustos. Cosas tan abstractas como la acumulación de conocimientos, la reputación, la seguridad y la satisfacción de los deseos, son perseguidas con tal vigor como si fuese algo que puede tocarse con la mano o verse con los ojos. El deseo impregna toda experiencia, de tal forma que podemos dudar de que hagamos algo sin estar motivados por él. No importa el campo en que nos movamos, sean los negocios, el deporte, o incluso la búsqueda espiritual. Es el deseo, en una forma u otra, el que nos lleva a conseguir el éxito. Los deseos son una parte tan integrante de nuestra vida, que la mayoría de la gente considerara vivir sin ellos como una muerte en vida.
Detrás de todos nuestros deseos está el deseo de ser feliz. En ese sentido todos somos iguales, ya que todos querernos la felicidad –aunque la definamos de forma diferente– y ninguno de nosotros desea ni el menor sufrimiento o decepción. Si lo analizamos cuidadosamente veremos que todas nuestras acciones están motivadas bien por el deseo de experimentar lo placentero, o bien por el de evitar experimentar lo desagradable.
No obstante, a pesar de desear sólo la felicidad, nuestra vida está llena de dolor e insatisfacción. Nuestra posesión más estimada, por la que hemos trabajado tan duramente, se rompe, se pierde, nos la roban, o sencillamente deja de proporcionarnos placer. Nuestro amado marido o esposa, pronto se vuelve nuestro peor enemigo, o muere y nos deja solos. El trabajo que codiciábamos se convierte en una pesada carga que consume todo nuestro tiempo y energía. Nuestra reputación es difamada, nuestra suave piel se arruga, nuestra inteligencia se deteriora. La felicidad deseada elude así, en todas esas formas, nuestro intento por atraparla. A veces parece que cuanto más tratamos de ser felices, más desgraciados nos hacemos. Desde este punto de vista, la vida parece una carrera de ratas, sin sentido; nuestros esfuerzos por ser felices nos hacen caer en un círculo vicioso, hasta acabar dejándonos frustrados y exhaustos.
Muchos filósofos y maestros espirituales han descrito ese ciclo de frustración perpetua y han dado consejos para romperlo o, al menos, para sobrellevarlo. El Buda Shakiamuni, por ejemplo, denominaba a esa condición de insatisfacción continua samsara –término sánscrito que significa "dar vueltas"– y dio muchos métodos diferentes para liberarnos de ella. En la más conocida de sus enseñanzas se dice que el origen de todos nuestros problemas y decepciones es el deseo, producido por la ignorancia. La liberación o nirvana, se consigue al erradicar totalmente ese deseo ardiente de nuestro corazón.
Puesto que los ojos, los oídos, la nariz y demás sentidos son las puertas del deseo, los que quieren ser libres y lograr la liberación de la rueda de sufrimiento, son animados a desconfiar especialmente de los cinco sentidos físicos. Tenemos que darnos cuenta de cómo éstos ejercen un control insano sobre nuestra mente y debemos tratarlos con la máxima cautela. Por tanto, la conducta de alguien que sigue este camino de liberación individual se caracteriza por un autocontrol extremo. El practicante mantiene una guardia estricta a las puertas de los sentidos y es extremadamente receloso con lo que quiere entrar. Si, por ejemplo, aparece una visión deseable –como un hombre o una mujer atractivos–, al practicante se le aconseja permanecer alerta ante el posible peligro de ceder a su encanto. Siguiendo este tipo de adiestramiento se combate la tendencia a correr ciegamente tras los objetos del apego y de caer, por ello, víctima del dolor y de la decepción, y esto se hace aprendiendo a fijarse en aquellos aspectos del objeto que disminuyen el apego por él. Por ejemplo, podemos neutralizar nuestro deseo por una persona atractiva, concentrándonos en las partes sucias de su cuerpo. El objetivo de este tipo de práctica es impedir que el deseo perturbe nuestra mente y el resultado que se persigue es lograr un estado de paz y tranquilidad que no pueda ser alterado por los cambios de la fortuna en nuestra vida.
Comparado con un sistema como el del tantra, que utiliza la energía del deseo, este punto de vista cauteloso del camino espiritual se considera inferior. Pero ello no quiere decir que tal enfoque carezca de valor. Por el contrario, es crucial saber cuándo es apropiado apartar nuestra atención de las cosas que perturban nuestra mente. Pero, si sólo sabemos tratar los objetos de deseo eludiéndolos, nuestra práctica espiritual quedará muy limitada en cuanto a lo lejos que pueda llevarnos.
El enfoque del tantra es muy diferente. En vez de considerar el placer y el deseo como algo que debe evitarse a toda costa, el tantra reconoce la poderosa energía producida por nuestros deseos como un recurso indispensable del camino espiritual. Puesto que el fin es nada menos que la realización de nuestro máximo potencial humano, el tantra persigue la transformación de toda experiencia en el camino de realización, sin importar cuán poco religiosa pueda parecer. Precisamente, y puesto que nuestra vida actual está tan inseparablemente ligada al deseo, debemos utilizar su tremenda energía si queremos transformar nuestra vida en algo trascendental.
La lógica del tantra es realmente muy simple: nuestras experiencias de placer ordinario pueden ser utilizadas como un recurso para lograr la experiencia placentera suprema de la totalidad o Iluminación. Es natural que, al cultivar las cualidades de la mente, produzcan algo similar a ellas y no lo opuesto. Esto se aplica tanto a los estados mentales positivos como a los negativos. De la misma forma que la insatisfacción nunca puede volverse satisfacción, la desgracia no puede transformarse naturalmente en felicidad. Según el tantra, no podemos esperar conseguir nuestro objetivo de felicidad completa y universal haciéndonos sistemáticamente cada vez más desgraciados. Eso seria lo contrario de como funcionan las cosas. Sólo cultivando ahora pequeñas experiencias de calma y satisfacción, podremos conseguir en el futuro nuestro objetivo final de paz y tranquilidad. Y, de la misma manera, sólo utilizando hábilmente la energía del deseo y creando el hábito de experimentar lo que podemos llamar verdadero placer, podemos esperar conseguir el éxtasis y el gozo eternos de la Iluminación total.
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