En los primeros años de vida son las figuras parentales, a través de susactitudes, emociones y conductas, las que se configuran como modelos deidentificación para el niño/a; proceso imprescindible para la futuraevolución psíquica.
El niño/a va construyendo la noción del mundo externo a través delejercicio de sus sentidos e impulsos, no sólo como expresión de su maduración sinocomo respuesta a los estimulos que provienen del medio. La dinámica decomo se produzcan estas interracciones determinará la formación de imágenesinternas - de pensar y de sentir - de cómo es, la realidad externa.
Los padres son los que le brindan al hijo/a experiencias placenteras y/openosas que incentivarán internamente, según las que predominen, susimpulsos amorosos y/o agresivos.
La madre es la primera persona que con su contacto corporal y afectivoactúacomo el punto focal en la formación del yo y como pre-condición de que elyosea integrado, estable y asegure óptimas relaciones consigo mismo y conlos demás.
En la estructuración del yo, el amor y el cuidado materno son como lasvitaminas en el alimento. Para su evolución no sólo es necesario quepersistan esos vínculos, sino que se incorpore la presencia afectiva delpadre, proveedora de la imagen de autoridad y de conciencia social.
Así como las personas que rodean a un niño en su crecimiento, son lasportadoras de las condiciones necesarias para un adecuado desarrollo de supersonalidad, son también las que más, pueden perturbarlo o anularlo.
La mayor perturbación que se le puede causar a un niño, está centralizadaenla carencia afectiva a través de múltiples formas de expresión: relacionesconflictivas entre los padres, abandono y secuestro parental del niño,agresión física, sexual y psíquica hacia éste, configurando todas y cadaunade ellas un ataque a su derecho de que sea protegida su salud mental.
Cualquiera de éstas conductas parentales hacia el niño, se constituyencomofactores predisponentes de que se desencadenen trastornos psíco-afectivospermanentes.
Toda manifestación hacia el niño que contenga agresión, amenaza, coacciónoabandono le provocará sentirse no querido y rechazado con lascorrespondientes vivencias de temor, vergüenza, inferioridad ydesvalorización, que naturalmente reactivarán sus impulsos destructivos.
La situación de total dependencia afectiva y la necesidad de sentirseaceptado por sus padres promueve internamente en el niño, por un lado elcontrol de sus sentimientos, y por otro lado, el incremento de la culpaporcreer que ha sido el causante de la conducta agresiva paterna.
La falta de afecto presente en el abandono, en el secuestro o en laagresión, genera un estado de ansiedad, de inestabilidad e inseguridad enelniño/a que la padece que, evolutivamente se pueden transformar en un deseode compensación y venganza que desencadenen comportamientos anti-sociales.
Estas conductas representarán la repetición activa de lo que se ha tenidoque sufrir pasivamente, configurandose como el medio defensivo de elaboraresa situación traumática y angustiante.
La ausencia temporal o permanente de uno de los progenitores, que aunquepueda deberse a distintas causas (enfermedad, muerte, divorcio...) es unarealidad para el niño que le priva de una imagen de identificación, de unmodelo de aprendizaje de como relacionarse y de como adquirir conductas sociales.
La falta de una figura paterna o materna, de por sí produce en el niño sentimientos de pérdida, que adquiere mayor o menor contenido traumático,dependiendo de la actitud que adopte el progenitor presente: de soledad,deresentimiento o de indiferencia con la que se explica las razones de lo sucedido, determinando la forma en como será incorporado en la historia afectiva del menor.







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