Dijo "Me encanta esa naricita",
y observaba el catálogo del cirujano plástico.
Dijo "No soy esclavo, soy libre"
y miraba el ejército de muñequitos de colores
que adornaban su diminuto escritorio de trabajo.
Dijo "Adoro el viento en la cara"
y se acercó al acondicionador de aire.
Dijo "Hola, ¡me alegro de verte!"
y miraba una entrecortada imagen
de tres por tres en una pantallita.
Dijo "Nada como el agua fresca y pura!"
y corrió a abrirle al repartidor de bidones.
Dijo "Feliz Navidad"
y mandó 50 tarjetas idénticas,
apretando apenas una tecla.
Dijo "Soy un hombre nuevo"
y renovó la tarjeta de crédito.
Dijo "Te quiero”
y acariciaba el lateral cromado de un auto.
Dijo “Al fin solos”
y controló que el celular estuviera encendido
y con sus baterías a pleno.
Dijo “Al fin en libertad!”
y estaba en sus 45 minutos para el almuerzo.
Dijo “Ahora empezaré a pensar en mí”
y el espejo le devolvió la abatida imagen de un anciano.
Dijo “Mañana sí, mañana empezaré, mañana terminaré,
mañana iré, mañana llamaré, mañana me disculparé,
mañana saldaré esa deuda onerosa, mañana renunciaré, mañana despegaré, mañana aterrizaré, mañana se lo diré finalmente, mañana se lo regalaré; si tanto lo quiere, mañana firmaré y que sea lo que Dios quiera.
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