Hace muchos años atrás, estaba en el campo en la tala de árboles, solían tumbarlos con enormes topadoras y los dejaban en el suelo por varios días hasta que llegaban los obreros para desgajarlos. Esa mañana la paloma comenzó con su rutina de alimentación, sin saber qué significaba ese gran ruido, ruido que estaba cada vez más cerca; de pronto su árbol se sacudió y junto con el árbol el nido, intentó huir, pero su instinto de madre fue más fuerte y se quedó cuando el árbol cayó con fuerza.
Para la paloma parecía como si el mundo estuviese sobre ella. No sólo estaba aturdida por el ruido de las máquinas y la estrepitosa caída del árbol, sino también por los incansables gritos de sus pichones. Y ese era su problema más grande, no podía salir en busca de alimento, estaba debajo de lo que para ella eran toneladas de ramas. Así comenzaron a pasar las horas y los días, para los pichones no había oportunidad de sobrevivir, a menos que su madre hiciese algo por ellos y eso fue lo que hizo.
La paloma picó con fuerza en su pecho, volvió a picar una y otra vez hasta que comenzó a sangrar, los pichones confían plenamente en su madre y comen todo lo que ella les acerca a sus pequeños picos, así que se alimentaron con la sangre de su madre.
La leyenda dice que desde ese momento, Dios pintó de rojo las plumas del pecho de todas las palomas de esa especie. Yo creo que Dios se sintió identificado con esa paloma, porque hace dos mil años no solo picó su pecho, también clavó sus manos y pies; y su sangre fuente de vida, así como la paloma salvó a tres pichones
La paloma murió y se convirtió en leyenda.
Autor Desconocido.







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