El telón se levanta lentamente... ¡Y empieza el show!
Estamos donde adoramos estar. Aquí. Donde los malos a veces ganan y los buenos sufren y a veces mueren. Donde el engañado se muerde la lengua y hasta se quita la vida; donde el necio viaja sobre lujos y el sabio en carretas repletas de mugre.
Donde el amor nace y muere a cada segundo y el odio va ocupando un poco más de espacio en lo cotidiano. Donde las portadas de revistas muestran lo bello figurado, lo bueno maltratado, lo malo siempre endiablado y lo simple queda fuera porque "no vende".
Donde el justo ruega porque las palabras de la Biblia sean verdad, y el mentiroso ruega que Dios exista para que le dé el perdón que tanto predica.
Donde el Demonio se sienta a la hora del almuerzo con los ángeles, y a la hora de la cena se miran de reojo como si fueran desconocidos.
Donde el hombre manda y la mujer crea las reglas. Donde todo lo que se puede tocar se compra, y lo que no se toca, por un precio módico se acaricia.
Donde las quimeras más insensatas se hacen realidad en las personas más increíbles y los sueños altruistas, en las personas que menos los buscaban.
Donde un día un tal Jesús dijo algo, y ése algo se convirtió en información, la información en Poder, el Poder en sometimiento de masas, el sometimiento de masas en dinero, y el dinero, en Dios.
Donde la vida no vale mucho, pero si se trata de arruinarla o quitarla hay que pagar
Donde se funden y se cocinan las victorias, los desalientos, los amores y desamores; las venganzas y los olvidos. Donde se dan la mano los que van y los que vienen, los que entran y los que salen, los que saben y los que no. Los que roban y los que dan, los que obtienen y los que esperan.
Un "escenario perfecto", donde los malos son verdaderamente malos y los buenos bien buenos. Donde los miserables no saben de perdón y los que perdonan hablan de esperanzas. Donde los que estudian obtienen y los analfabetos viven en un mundo de fantasía.
Donde los que desconocen la verdadera miseria humana, se abrazan y ríen sobre los despojos de los engañados; y los que saben de la naturaleza del hombre, compran una cabaña cerca de un lago con montañas, y se llevan a un perro como único compañero.
Donde las caricias y las sonrisas son fútiles cuando no hay dinero en el bolsillo, y cuando hay mucho dinero, se desconfía del exceso de cariño.
Donde la fama marea y el anonimato también. Donde el que brilla es alabado o perseguido. Donde el que gana uno agradece, y el que gana miles desmesuradamente rechaza al que pierde. Donde el que pierde uno lo intenta una vez más, y el que pierde todo se pregunta en que punto está el equilibrio divino.
Donde vivimos.
Donde quizá esté el verdadero infierno; no es incandescente, sino frío, bien frío como aquel de Dante.
Donde el verdadero cielo es un misterio, pero sirve de consuelo para los audaces o para los tontos.
Donde habita Dios, donde habita el Diablo, tratando de salir del alma de cada hombre y mujer del planeta a cada paso, a cada segundo vivido.
Donde todo es tan extraño, que muchas veces me pregunto si el mismo Demonio no se escandaliza por lo que ve, y si el mismo Jesús se atrevería a regresar.
Un escenario perfecto, con actores y actrices perfectos e imperfectos. Con un libreto ajado y sucio, y un ínterin para descansar entre generación y generación.
Y al fin, la función termina, Todos aplauden, algunos, se durmieron, y otros miran con desinterés. Pero como dijo alguien alguna vez: ¡El show debe continuar!
No lo sé, tal vez, hay algún lugar donde habita la Esperanza.
¿Dentro de uno mismo?
No lo sé... tal vez.

© JESÚS ALEJANDRO GODOY