El viaje que emprendo es eterno (¡que todos me oigan!).
Mis signos son un capote contra la lluvia, fuertes zapatos y un bastón cortado en el bosque, en mi silla no sestean los amigos.
No llevo a ningún hombre a una mesa puesta, a la biblioteca, a la bolsa, pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer,
Mi derecha señala los continentes y el gran camino.
Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino.
No queda lejos, está a tu alcance.
Échate tus prendas al hombro, hijo mío, y yo traeré las mías y apresurémonos.
Ciudades prodigiosas y naciones libres nos saldrán al paso.
Porque ya emprendida la marcha nunca descansaremos.
Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,y le dije a mi alma:
contesto que no puedo contestar,
Siéntate un momento, hijo mío, aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.
Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables, ahora te quito la venda de los ojos.
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu vida.
Demasiado tiempo has vadeado, asido a una tabla en la orilla.
Ahora quiero que seas un nadador,







Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados