Cierra los ojos por un momento.
Aquiétate, respira y siente la vida,
esa energía maravillosa que alimenta cada
célula de tu cuerpo.
Abre los ojos y obsérvate por un instante a ti
mismo... cuerpo y mente unidos por el espíritu.
Observa a tu alrededor qué hermoso escenario ha
puesto el Creador, para que desarrolles tu vida.
La lluvia, el sol, las plantas...
El cielo, la luna, el mar...
La tierra, los animales, el viento...
La noche, las estrellas, el movimiento...
El silencio, el sonido, los sentidos...
El hombre en expansión y toda su creación.
Después de revivir todo a tu alrededor ¿qué sientes,
qué piensas, qué quieres; qué estás dispuesto a hacer?
¡Todo en ti y a tu alrededor se sucede por amor!
Siéntelo, reconócelo y exprésalo...
compártelo con todo aquél que toque tu vida,
con todo aquello que la envuelva y no permitas
que otro sentimiento o emoción, impulse en tu vida.
Nunca olvides: que fuimos hechos de amor limpio,
puro e incondicional; entrégalo a manos llenas y se
te multiplicará.
El Amor incondicional no espera para ser
expresado, no necesita para ser compartido,
no exige para ser entregado,
no condiciona para sentirse,
no manipula para ser reconocido,
no invierte para que se multiplique,
no excluye para ser diferente.
Porque el Amor incondicional
sólo se siente cuando las puertas del corazón
se abren de par en par y nuestra mente comprende
que lo diferente es aparente y lo real es igual
y esencial.
Practícalo, vívelo y respíralo
para que nunca olvides que...
¡ES POR AMOR QUE AQUÍ ESTAS!
Autor?