En la obra de Pérez Galdós, Marianela, la protagonista le pregunta al ciego, al que guía, si sabe distinguir el día y la noche. El contesta:
-«Es de día cuando estamos juntos tú y yo; es de noche cuando nos separamos».
En la novela que lleva su nombre, Marianela es una joven deforme por un accidente que tuvo de pequeña.
Solo su amigo ciego podía ver la belleza de su "ser interior", sin quedarse en la superficialidad del cuerpo contrahecho.
La ceguera de los ojos físicos era el principio de Luz de sus ojos interiores para ver a los demás.
No juzgaba por la impresión sensible, juzgaba por la belleza según la talla moral de la persona.
Interesante forma de apreciar el mundo. Una lección serena para una sociedad occidental tan angustiada por el cuidado estético y paradójicamente una sociedad tan superficial en el cultivo de la interioridad. La belleza sigue siendo una enorme preocupación femenina, pero ¿Qué es lo realmente bello?
En el siglo V A.C., los sofistas definen la belleza como "lo que resulta agradable a la vista o al oído". Con esta definición la "belleza" empieza a distinguirse de lo "bueno".
Más tarde, los estoicos proponen una nueva definición: "aquello que posee una proporción apropiada y un color atractivo".
Aristóteles define la belleza como "aquello que, además de bueno, es agradable".
Como vemos, mientras los sofistas privilegian el agrado sensible que provoca el objeto bello, los estoicos subrayan el equilibrio interno entre las partes de dicho objeto.
Aristóteles, por su parte, asume una postura intermedia, que concilia ambas teorías.
Las mujeres tienen la tendencia a caer en la trampa que las hace buscar encajar en el molde de “belleza”, según los parámetros establecidos por las tendencias sociales de cada época. El propósito de esta interminable búsqueda, y el objeto para el cual se busca, suelen ser olvidados.
¿Qué belleza se busca? ¿La del aparecer o la del ser? ¿Para quién se trata de conquistar esa belleza, para uno mismo o para otros?

Más allá de los sentimientos, de la emotividad casi de origen físico, está la capacidad oculta en el ser humano, que nos permite elegir libremente lo difícil y doloroso, y con desinterés, sólo para hacer feliz a alguien.

La mujer que por vocación está llamada a educar al hombre en el arte del "amor desinteresado", es verdaderamente hermosa cuando ha sido fiel a sí misma, aunque su cabello luzca blanco, o tiemblen ya sus manos.
Decía Agustín de Hipona “Solo la belleza agrada”, y si no es mucha pretensión, podemos añadir “Solo la belleza interior agrada siempre”.
Autor??