Hemos renunciado a tanto por querernos:
a darle a la alegría postura de sonrisas en aquellos momentos en que la alegría mandaba a quedarnos sonrientes, a vernos sin horarios, a andar por donde quieran nuestros pasos hermanos, a abrazarnos solo por eso de tenernos unidos y mostrar nuestro abrazo a quien quiera mirarnos.
Hemos renunciado al beso que llega sin permiso
a suicidarse junto con el beso contrario,
a decirnos "Te quiero" en cualquier circunstancia
sin preocuparnos donde y sin fijarnos cuando.
Hemos renunciado a cualquier intemperie,
a caminar debajo de la lluvia en verano.
(Pura lluvia que cae para ser la nostalgia
para ser ese afuera que necesita el llanto,
que precisa dos cuerpos para empapar su causa
y que sin tu presencia siempre ha caído en vano)
Hemos renunciado a contagiar amigos,
con la exacta postura de nuestro abrazo exacto.
A toda libertad...a toda rebeldía,
a toda la aventura de confiarnos las manos.
Hemos renunciado a sernos como somos
enteramente nuestros...únicamente ambos,
a darle a la caricia un espacio de ternura,
a darle a la ternura nacimiento espontáneo.
Hemos renunciado a bebernos la piel
en tantas noches de negarnos los labios,
en tantas madrugadas, en tantas despedidas
para dormir lejanos.
Hemos renunciado a toda calle, toda plaza, todo sol,
todos los días...hemos renunciado.
Nos hemos renunciado la verdad,
nos hemos renunciado la evidencia,
nos hemos renunciado lo que no se renuncia:
el porfiarle a la vida nuestra hermosa porfía
de estar enamorados.
¡¡¡A tanto hemos renunciado!!!
Desde aquél mismo instante del primer encuentro,
y que ya queda muy poco futuro por negarnos.
El amor...es tal vez lo único que nos queda.
¿Qué estamos esperando?
(Autor desconocido)